La Romería: un fervor religioso

Desde el 1º de agosto por la noche, la ciudad empieza a caminar. Ya en el resto del país, la gente ha comenzado a andar desde mucho antes. En la frontera con Panamá es desde la semana anterior. Bien sea por tradición, religiosidad, agradecimiento, o peticiones, casi dos millones de personas, casi el 40% de los habitantes de Costa Rica, llegan a Cartago, a la Basílica de Nuestra Señora dela Paz, para reencontrarse con su Negrita. Que fue nombrada patrona de Costa Rica y de América latina por el Papa Juan Pablo II.

La autopista a Cartago, es cerrada a los vehículos, en la antigua carretera se habilita un canal para los “romeros”. Las vías secundarias reciben cientos de andantes. Desde Semana Santa, se organizan las brigadas de apoyo, escuelas y parroquias reservan espacios para atender los peregrinos que vienen desde lejos. La prensa asigna periodistas para que escriban columnas diarias sobre el transcurrir de la caminata.
En la Basílica se habilita el pasillo central para los que, arrodillados, se acercan a la imagen santa. En la mañana, la presidente Laura Chinchilla, que ha caminado también,  asiste a una misa a la cual asisten miles de personas.
Esta expresión sigue incólume, gracias a que la población es todavía profundamente religiosa, pero también a las condiciones objetivas de seguridad personal que existen en Costa Rica. Hay vigilancia policial en el recorrido, apoyo de la Cruz Roja y cientos de manifestantes, pero las casas solitarias, los viajeros de varios días y la propia caminata de noche habla por sí sola. 

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