Por aquí, todos son amables. Por lo menos, es lo que en la calle se siente. Con la manera de comunicar una dirección, que será tema de otro comentario, los costarricenses se esfuerzan en dar una respuesta eficiente, cuando la tienen.
Pregunte por una dirección, y mas de un tico, dejará lo que está haciendo para empezar a dar explicaciones, hasta que uno encuentra alguna forma de llegar. Otro, se ofrecerá a acompañarlo hasta el sitio.
Uno dice que es extranjero, cuestión evidente por las palabras y nuestro forma de hablar y empezarán a darle consejos sobre donde hay descuentos, o el mejor pan, o la carnicería mas cercana y honrada.
Siempre que estemos cara a cara, el tico es muy amable. El único lugar donde deja atrás su simpatía, es cuando se coloca al frente del volante del carro. Ahí si es verdad que se transforma. Pero como todo, hay un remedio: Mírale a los ojos al conductor, y no tendrá mas remedio que darte el paso.